La “tormenta perfecta” que tuvo su origen en la pandemia

El cese de la actividad productiva y la súbita reactivación de la demanda tras el COVID-19 han provocado desafíos en las cadenas de suministro globales

En 2020, la llegada de la pandemia de COVID-19 paralizó las vidas del mundo entero y provocó grandes alteraciones en todas las áreas de actividad. Desde entonces, y durante el último año y medio, estos cambios se han hecho tangibles en un gran elemento que afecta a las cadenas de suministro a escala global: la demanda.

La aceleración del consumo a través de los canales online y la reducción de capacidad de las navieras internacionales a raíz del confinamiento, provocaron grandes diferencias entre los valores de oferta y demanda. Este desnivel y sus efectos se perciben, hoy en día, en diferentes ámbitos.

En este contexto, Rolando Martínez, director General de COTRANSA, en una entrevista a Ok Diario, ha puesto el foco en los desafíos a los que se enfrenta el sector logístico y las tendencias hacia las que deben orientarse las empresas.

Escasez

Desde hace aproximadamente una década, muchas compañías de todo el mundo han trasladado sus centros de producción a China. Las buenas expectativas de crecimiento y la gran oferta de mano de obra del país asiático fueron algunos de los incentivos que condujeron a estas empresas a llevar a cabo esa descentralización de su producción.

El problema de esta dependencia es que el COVID-19 paralizó la producción de muchas empresas chinas. Y, cuando se reactivó la demanda (que, además, lo hizo de forma abrupta), se encontraron dificultades para hacerle frente ante la escasez de productos provocada por el parón de actividad. Desde entonces, los niveles del mercado no se han equiparado.

Además, es necesario tener en cuenta que la escasez viene causada también por las diferentes prácticas de mercado que se venían llevando a cabo. Una de ellas es la producción bajo demanda, en la que no se fabrican artículos hasta que el usuario lo solicita.

Muchos negocios, para evitar hacer fuertes inversiones o contar con grandes instalaciones de almacenaje, seguían modelos de dropshipping o cross docking en los que el aprovisionamiento de mercancía es prácticamente nulo. Por eso, no han podido disponer de mercancía para hacer frente a las solicitudes de los consumidores.

La “tormenta perfecta”

Con el inicio de la pandemia y el consiguiente confinamiento domiciliario de los usuarios, los niveles de demanda cayeron en picado. Teniendo en cuenta que el transporte marítimo aglutina cerca del 80% del comercio mundial, las navieras decidieron retirar parte de su capacidad de carga.

Las restricciones y las medidas sanitarias ralentizaban las descargas de los buques y, como consecuencia, muchos contenedores se apilaron en los puertos. Ante este panorama, cuando el comercio empieza a reactivarse y aumenta la demanda, se produce una “tormenta perfecta”.

Puertos saturados, navieras con menos capacidad, carencia de contenedores, porque siguen cargados con mercancías antiguas, y alta demanda. ¿El resultado? Aumenta el precio de los fletes y el transporte marítimo se encarece.

Como no hay capacidad física para transportar la totalidad de los artículos que se demandan, solo las empresas que pueden asumir el alza son capaces de trasladar su mercancía. Por suerte, la continuada tendencia creciente en los precios de los fletes, que se venía viviendo desde hace meses en el sector marítimo, parece estar estabilizándose.

Cultura de la inmediatez

Actualmente, el e-Commerce ofrece grandes ventajas para que empresas y consumidores dispongan de un espacio común en el que realizar sus transacciones. Sin embargo, la pandemia aceleró tanto los niveles de compra online que supuso un cambio radical al que las compañías tuvieron que adaptarse muy rápidamente.

En este sentido, los usuarios cada vez demandan sus pedidos con mayor velocidad, creando una cultura de la inmediatez en la que se quieren los productos aquí y ahora, pero por el mismo precio. Esto supone un modelo inviable a largo plazo.

Teniendo en cuenta que el transporte es una de las etapas que más costes implica en la cadena de suministro, ofrecer los mismos productos al mismo precio en el contexto actual es una tarea prácticamente imposible para cualquier empresa.

Por eso, muchas compañías se enfrentan al desafío de luchar contra esa búsqueda de la inmediatez. Se trata de hacer entender a los usuarios que, actualmente y en el comercio internacional, es insostenible cumplir con los plazos de entrega previos al confinamiento. Y no porque no se quiera, sino porque la situación y los datos actuales lo imposibilitan.

En definitiva, se está viviendo una situación en el sector logístico internacional que tuvo su origen en los cambios inesperados que ocasionó la pandemia. Es cierto que existe cierta incertidumbre sobre el futuro cercano, pero se espera que durante 2022 la situación se estabilice.